Por Luis Trelles
Creación versus represión. En ese breve enunciado se encuentra sintetizado el tema de la cinta de estreno titulada Desert Dancer.
Rodada tanto en Marruecos como en el Reino Unido este filme recrea por la pantalla sucesos que realmente ocurrieron. Su personaje central, Afshin Ghaffarian, desde su infancia en su país natal, Irán, se sentía atraído por la danza. Al crecer e ingresar en la universidad de Teherán, se une a un pequeño grupo de compañeros universitarios ansiosos de crear libremente -sin trabas ni obstáculos-. A ellos se opone ferozmente el régimen represivo que detenta el poder en la nación.
Ese grupo de estudiantes se reúnen secretamente para experimentar con la creación artística y a ellos se une otra chica, hija de una famosa bailarina de ballet ya fallecida, dotada de gran talento creativo.
Pronto se hacen claros los problemas internos del grupo. Son, entre otros, la afición a la heroína de la joven danzante y la presencia de otro estudiante cuyo hermano pertenece a las fuerzas represivas y que lo conmina para que denuncie al grupo.
Todos deciden dar su representación lejos de Teherán, en el desierto. Son sorprendidos y maltratados y, más tarde, golpeados salvajemente al participar en una manifestación en contra del régimen. Por ello Afshin acaba por emigrar -gracias a la generosidad de otro miembro del conjunto que le cede su identidad – y se traslada a París donde recibe asilo político y desarrollan plenamente su talento artístico, fundando su propia compañía de danza en la Ciudad-Luz.
La película carece en sus comienzos de la suficiente fuerza dramática pero la adquiere después por el impacto que tienen los acontecimientos. Esta se hace muy imaginativa en la secuencia del desierto en que se combina la creación del baile con la tensión generada por la persecución de que es objeto el grupo, manteniéndose el impacto del argumento hasta el emotivo y sorpresivo final.
Desert Dancer es un filme de nacionalidad británica y cuenta con la dirección de Richard Raymond. Reece Ritchard asume el rol protagónico con la suficiente fuerza como para convencer al público de sus ansias de bailar libremente, lejos del ambiente opresivo que, por desgracia, se ha posesionado de su país de origen.